Viajamos a Corea del Sur en familia y volvimos con una veintena larga de artículos: las tres ciudades que recorrimos —Seúl, Busán y Gyeongju—, los palacios y templos que más nos gustaron, y lo práctico que nos habría venido bien saber antes de salir, como el funcionamiento del KR Pass. Aquí está todo ordenado.
Corea es un destino que en España todavía se viaja poco y del que hay bastante menos información en español que de Japón, su vecino. Nos sorprendió lo fácil que resulta moverse: el tren conecta las tres ciudades principales en pocas horas, el metro de Seúl es sencillo de entender y en casi todas partes encontramos señalización en alfabeto latino.
Un itinerario de dos semanas da de sobra para las tres ciudades sin agobios. Seúl merece cuatro o cinco días, Busán dos o tres, y Gyeongju, la antigua capital del Reino de Silla, otros dos: es la parada con más historia concentrada del país y la que menos gente esperaba encontrarse.
Si viajas con niños, Corea es más fácil de lo que parece sobre el papel. Las ciudades son seguras, el transporte público funciona bien y las distancias en tren se hacen cortas. Lo que sí conviene medir es el ritmo: los palacios de Seúl son grandes y encadenar dos en la misma mañana cansa a cualquiera. Nosotros alternamos una visita de peso con algo más ligero —el arroyo Cheonggyecheon, un mercado, una subida a la torre— y así el día cundió mucho más.
Una advertencia útil sobre el alojamiento: dormir en una casa hanok tradicional es una de esas experiencias que salen en todas las listas de imprescindibles, pero conviene saber en qué consiste antes de reservarla, sobre todo si vas con niños pequeños. Lo contamos con detalle en uno de los artículos de abajo.
Una cosa que conviene entender antes de ir es hasta qué punto Corea es un país de contrastes muy marcados. En Seúl puedes pasar en diez minutos de un palacio del siglo XIV con guardias de época a un barrio de rascacielos y pantallas gigantes, y las dos cosas conviven sin la menor incomodidad. Nos pasó lo mismo en Busán, donde un templo budista sobre las rocas está a media hora de los grandes almacenes más grandes del mundo. Ese choque es, para nosotros, el mayor atractivo del país.
Sobre la comida: la coreana es mucho menos conocida en España que la japonesa o la tailandesa, y es una de las grandes sorpresas del viaje. La base son los banchan, esos platitos que acompañan cualquier comida y que se reponen sin coste, más el arroz y algún plato principal a compartir. El kimchi está en todas partes y es más picante de lo que uno espera. Comer bien es barato si sales de las zonas turísticas, y en los mercados es donde mejor se come.
Y algo que agradecimos mucho: la conectividad. Corea tiene una de las mejores coberturas del mundo, hay wifi gratuito en el metro y en la mayoría de espacios públicos, y las tarjetas de transporte recargables valen para metro, autobús y hasta para pagar en tiendas de conveniencia. Resolver eso el primer día simplifica todo el viaje.
Un consejo sobre el ritmo del viaje que vale para todo el país: los palacios de Seúl cierran un día a la semana cada uno, y no todos el mismo, así que conviene mirarlo antes de organizar los días. Lo mismo pasa con los museos. Es de esas cosas que no aparecen en los itinerarios genéricos y que te pueden estropear una mañana.
Sobre cuándo ir, Corea tiene cuatro estaciones muy marcadas. La primavera, con los cerezos de finales de marzo y abril, y el otoño, con el kouyou de octubre y noviembre, son las dos mejores épocas y también las más concurridas. El verano es caluroso y húmedo, con temporada de lluvias en julio. Y el invierno es seco pero muy frío, sobre todo en Seúl, donde se baja con frecuencia de los diez grados bajo cero.
Las tres ciudades del viaje
Antes de salir
Lo práctico: cómo organizar el itinerario, moverse en tren y dónde dormir.
Seúl, rincón a rincón
Seúl mezcla palacios de la dinastía Joseon, templos budistas en medio del distrito financiero y barrios como Gangnam, y todo ello a distancias que se cubren en metro. Estos son los sitios concretos que visitamos, cada uno con lo que nos pareció y lo que costaba en ese momento.
- Visita al espectacular Palacio Gyeongbokgung de Seúl
- Descubriendo el colorido Palacio Changdeokgung de Seúl
- Visita al templo Jogyesa de Seúl, un oasis en mitad e la ciudad
- Bongeunsa, el templo budista de Gangnam en Seúl
- N Seoul Tower, grandes vistas de Seúl desde su torre
- El arroyo Cheonggyecheon de Seúl, un lugar de relax en mitad de la metrópolis
- Visitar la Aldea tradicional coreana de Namsangol en Seúl
- El Estadio Olímpico de Seúl y el paso del tiempo
Busán, la ciudad del mar
Busán es la segunda ciudad del país y no se parece a Seúl: hay playa, un mercado de pescado enorme y un templo construido literalmente sobre las rocas frente al mar, que es de los sitios más bonitos que vimos en todo el viaje.
Gyeongju y el Reino de Silla
Gyeongju fue la capital de Corea durante casi mil años y hoy es una ciudad pequeña rodeada de túmulos funerarios, templos y estanques. Es la parada que más nos sorprendió y la que más recomendamos no saltarse por falta de días.
Todo lo que hay en esta guía sale de nuestro propio viaje por el país, con sus aciertos y sus errores. Si estás preparando el tuyo y te queda alguna duda, escríbenos.






