Guía de Tailandia: itinerarios, qué ver en Bangkok y consejos

Viajamos a Tailandia en familia y de ahí salieron una veintena de artículos: el itinerario completo de quince días, las ciudades una a una, cómo movernos por Bangkok sin perder medio día en atascos y los consejos que nos habría gustado leer antes de salir. Esta página lo reúne todo.

Tailandia es de los pocos destinos de Asia que funciona igual de bien para un primer viaje al continente que para un viajero con experiencia. Los desplazamientos internos son baratos y frecuentes, hay alojamiento en cualquier rango de precio y la comida en la calle es a la vez el mayor atractivo del país y la forma más barata de comer bien.

El itinerario que a nosotros nos funcionó reparte quince días entre Bangkok, el norte —Chiang Mai y Chiang Rai— y una zona de costa. Ayutthaya, la antigua capital del Reino de Siam, se puede hacer como excursión de un día desde Bangkok, aunque merece quedarse a dormir para verla al amanecer sin autobuses.

Con niños es más fácil de lo que la gente supone. Lo que sí conviene ajustar es el ritmo y las horas: los templos se visitan a primera hora, el mediodía es para la piscina o el descanso, y las tardes para mercados y paseos. También hay que contar con que la comida picante es realmente picante, aunque en casi todos los sitios entienden perfectamente la petición de que no lleve guindilla.

Sobre la época del año, Tailandia tiene tres estaciones y no dos. De noviembre a febrero es la temporada seca y fresca, la mejor para viajar y también la más cara y concurrida. De marzo a mayo aprieta un calor considerable, sobre todo en Bangkok y en las ruinas de Ayutthaya, donde hay poca sombra. De junio a octubre es temporada de lluvias, que no significa lluvia constante sino chaparrones fuertes y cortos por la tarde: los precios bajan mucho y el paisaje del norte está en su mejor momento, así que no es una época a descartar sin más.

Un detalle que sorprende al llegar: en los templos hay normas de vestimenta que se aplican de verdad, no como recomendación. Hombros y rodillas cubiertos para entrar, y en el Gran Palacio de Bangkok son especialmente estrictos. Merece la pena llevar algo ligero en la mochila para no tener que comprarlo a precio de turista en la puerta.

Sobre el dinero y las estafas más comunes, porque conviene ir avisado: el tuk-tuk que te ofrece un recorrido baratísimo suele acabar en una tienda de trajes o de joyas donde se lleva comisión, y el taxista que te dice que el Gran Palacio está cerrado hoy casi siempre miente. Nada de esto es peligroso, solo molesto, y se resuelve insistiendo con educación o usando taxímetro y aplicaciones de transporte, que funcionan muy bien en Bangkok.

Un apunte sobre los elefantes, que es la duda ética que más nos llega de este destino: montar en elefante no es una actividad inocua, y muchos de los campamentos que se anuncian como santuarios no lo son. Nosotros no lo recomendamos. Hay centros de rescate reales donde el contacto se limita a observar y alimentar, y son una experiencia mejor y más honesta.

Sobre el alojamiento, algo que allí funciona distinto: la diferencia de precio entre un hotel básico y uno realmente bueno es mucho menor que en Europa, así que compensa subir un escalón. Y en las islas y zonas de playa conviene mirar bien la ubicación, porque muchos resorts que parecen céntricos en el mapa están a media hora del pueblo y acabas dependiendo de taxis para todo.

Un apunte sobre los vuelos internos: Tailandia tiene varias aerolíneas de bajo coste que conectan Bangkok con Chiang Mai, Krabi o Phuket en poco más de una hora y por muy poco dinero. En rutas de más de ocho horas por carretera, salen a cuenta incluso contando el traslado al aeropuerto, y te devuelven un día entero de viaje.

Las paradas del viaje

Antes de salir

Tailandia con niños

Bangkok a fondo

Qué comer

La Tailandia menos turística

Todo lo que hay aquí sale de nuestro propio viaje, con lo que salió bien y lo que no. Si preparas el tuyo y te queda alguna duda, escríbenos.